Entrada la noche y en la frontera, Nena Daconte observó que el dedo que cargaba al anillo de bodas seguía sangrando. El guardia observó los pasaportes, diplomáticos y en regla, pero aun así comparó las fotos y los rostros de los sujetos. Nena era casi una niña y estaba abrigada hasta el cuello. Billy Sánchez, su marido, conducía. Un año menor que ella, era todo lo contrario a Nena. Alto y atlético. El auto era quien los describía de mejor manera. Interior de cuero, con el asiento trasero copado de maletas y regalos sin abrir. Entre estos, un saxofón, ex amor de Nena, antes de conocer a Billy.
Esta es un respuesta a diversos artículos sobre Perú y Chile Tenemos un trauma histórico no cabe duda de ello, pero, ¿Qué significa esto? Pues bien, recuerdan la famosísima guerra del Pacífico, aquella en la que fuimos humillados por los chilenos que casi llegan al Ecuador cruzando nuestro territorio, donde nos enseñaron en nuestro glorioso (o penoso) colegio que los chilenos violaron y mataron a nuestras mujeres y niños, aquellas escenas que fueron pinceladas por libros y libros de historia, obras de arte como ¨el repase¨, y etc, etc y un etc más por si las dudas. Si señores a eso se les llama un trauma histórico. Vivimos acomplejados por una derrota que nos marcará (si es que no hacemos algo como reenviar a todos esta copia ¨laaaaa mierrrrrrr…¨, o simplemente analizar un poco mejor las cosas) toda la vida republicana, dictatorial o aquella que alguien venga a imponer (alguien que se haga llamar presidente, mandatario o jefe supremo). Fiel ejemplo de esto son los 188 años que venimos...
A- Dejé el examen sobre el pupitre y corrí al auto, se había acabado un ciclo más en la universidad. En el Chevrolet me esperaba Sofía, Karen y Andrés. En el otro auto estaban Juan, Diego y Andrea con tres cajas de cerveza, dos vinos y un anisado. Nos fuimos a casa de Sofía. Tomamos toda la noche, tanto que el alcohol salía por nuestros poros, me dormí. Desperté y Andrea estaba sobre mi pecho desnudo, y ella, también. B- Crucé la calle cavilando, sin siquiera apreciar el semáforo. Llegué al paradero y seguía pensando. Ella no podía terminar de esa forma conmigo, ¿acaso salía con otra persona? Levante la vista para ver el autobús. Un taxi sobre para y el conductor me grita - loco-, mil recuerdos recorren mi cabeza. Reconozco ese rostro más regordete de lo normal y subo. “Carlos eres mi salvación”, rogué, imploré. Carlos aceptó y me llevo toda la tarde a seguir los pasos de Laura, mi bella ex amada. C- Crucé la calle cavilando, sin siquiera apreciar el semáforo. Ll...
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